Bce se prepara para subir tipos ante el temor iraní
La inflación se resiste a ceder y la amenaza de una escalada en Irán ha precipitado una revisión de urgencia en la política monetaria del Banco Central Europeo. Boris Vujčić, futuro vicepresidente del BCE, ha lanzado una advertencia contundente: la inacción ya no es una opción.

La incertidumbre geopolítica dispara las previsiones inflacionarias
Las proyecciones del BCE, actualizadas recientemente, ya anticipan un aumento del 2,6% en los precios al consumidor para este año, una cifra significativamente superior a las estimaciones previas al conflicto en Irán. Pero lo que realmente preocupa a los responsables de la política monetaria es el escenario más pesimista: si las interrupciones en el suministro de petróleo y gas natural se prolongan, la inflación podría dispararse hasta el 6,3%, una cifra alarmante que obligaría a medidas drásticas.
Vujčić, con una franqueza poco habitual en las instituciones financieras, ha descartado la cautela como una estrategia viable. “El tiempo de la prudencia ha terminado”, afirmó, dejando claro que el BCE se enfrenta a una disyuntiva: subidas graduales de los tipos de interés o un ajuste más abrupto en el futuro. La primera opción, según él, es la más sensata, pues permitiría al BCE calibrar el impacto de las decisiones y reaccionar de forma más precisa ante los acontecimientos.
Esta postura, lejos de ser una opinión aislada, cuenta con el respaldo unánime de los economistas, quienes ya la semana pasada anticiparon un endurecimiento monetario inevitable. Incluso Joachim Nagel, presidente del Bundesbank, ha manifestado su apoyo a la idea de considerar una subida de los tipos de interés en la próxima reunión del mes, impulsado por el alza vertiginosa de los precios de la energía. El Euríbor, el tipo de referencia para los préstamos en la eurozona, ya ha experimentado su mayor aumento desde 2008, un claro indicativo de la presión que se acumula en los mercados.
Los mercados financieros, atentos a cada movimiento, prevén hasta tres incrementos de un cuarto de punto en la tasa de depósito a lo largo del año. Aunque Vujčić considera que una o dos subidas de tipos no serían catastróficas para la Economía, insiste en que un desenlace favorable del conflicto y la reapertura del estrecho de Ormuz serían un alivio. Pero ante la incertidumbre, la Economía ya siente el golpe.
Frente a este panorama, donde el conflicto en Irán amenaza con prolongar la inflación y frenar el crecimiento, el BCE se encuentra ante una decisión crucial. Priorizar la estabilidad de precios, un mandato fundamental para los bancos centrales, implica, en esta coyuntura excepcional, frenar la inflación, incluso a costa de un menor crecimiento económico. Vujčić recuerda que la lección aprendida de la crisis energética de 2022 es clara: las perturbaciones en la oferta que se prolongan justifican una respuesta de política monetaria.
La diferencia con el año pasado, según Vujčić, es que ahora se ha aprendido de los errores del pasado. La inflación del 10,6% registrada en 2022 ha servido para entender que la inacción puede ser más perjudicial que una acción decidida.
En definitiva, el BCE se enfrenta a un dilema complejo. La urgencia de frenar la inflación choca con la necesidad de no estrangular el crecimiento económico. El futuro, como suele serlo en geopolítica y Economía, es incierto. Pero una cosa es segura: la inercia ya no es una opción.
