Casi 500.000 españoles mayores de 55 años sin trabajo: una herida abierta en la economía
Un alarmante 497.600 trabajadores españoles de 55 años o más permanecen desempleados, representando un quinto de la totalidad de los parados en el país. Una cifra que, lejos de mejorar, se mantiene estancada a pesar del crecimiento récord de la economía española y el auge de la inteligencia artificial.
La epa revela una realidad desconcertante
Los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del segundo trimestre pintan un panorama sombrío. Aunque la tasa de paro general se sitúa por debajo del 10%, un 9,87%, el desempleo sénior apenas ha experimentado una leve disminución de 10.600 personas en el último año. La situación se agrava aún más en el tramo de más de 60 años, donde el paro ha aumentado un 6% interanual, sumando 13.500 desempleados adicionales. Estas cifras no son solo estadísticas; son la historia de personas que ven negada su capacidad para contribuir a la sociedad.
La directora general de la Fundación Más Sénior, Sonia Catalán, no se anda con rodeos: “Cumplir años continúa siendo una barrera para volver a trabajar”. Una declaración que expone la persistente discriminación por edad, un fenómeno que, según la fundación, dificulta la consolidación de las cotizaciones y genera un coste directo para las empresas y la sociedad, traduciéndose en una pérdida irreparable de experiencia y productividad.

El precio de la inmovilización del talento
La organización advierte que esta situación, exacerbada por el envejecimiento progresivo de la población española, amenaza con desestabilizar el sistema de pensiones. Las empresas, por su parte, se enfrentan a la pérdida de conocimientos especializados y a la falta de dinamismo que aporta la diversidad generacional. La Fundación Más Sénior exige un cambio radical en la mentalidad, instando a las empresas a combatir el edadismo en los procesos de selección, a revisar los sesgos inherentes a los criterios de contratación y a apostar por un modelo de empleo que valore la experiencia y la madurez profesional.
“No podemos permitir que el talento sénior se quede en el banquillo”, sentencia Catalán. “Es hora de reconocer que la edad no es un factor de limitación, sino un activo valioso que debe ser aprovechado al máximo.”