España se lanza a la carrera por los centros de datos: ¿un nuevo motor económico?
El futuro digital de España podría estar anclado en una infraestructura que hasta ahora permanecía en la sombra: los centros de datos. De ser una mera cuestión de soporte técnico, se han convertido en un activo estratégico, capaz de generar miles de millones de euros y transformar la competitividad del país. La apuesta es clara, aunque la carrera por la soberanía digital está lejos de estar ganada.
La inteligencia artificial dispara la demanda
El sector de los centros de datos en España se encuentra en un punto de inflexión. Según el reciente informe de SpainDC, la asociación que agrupa al sector, la creciente demanda impulsada por la inteligencia artificial podría movilizar hasta 66.900 millones de euros hasta 2030, generando más de 16.000 empleos. La cifra habla por sí sola: un impacto anual de 7.300 millones en el Producto Interior Bruto para finales de la década.
Pero hay un detalle que pocos analizan: la escasez de profesionales cualificados. Grandes empresas tecnológicas, las llamadas Big Tech, se encuentran luchando por contratar electricistas y técnicos especializados, una consecuencia directa de la revalorización de los oficios tradicionales ante la necesidad de mantener operativas estas infraestructuras masivas.

De 439 a 2.537 mw: una expansión exponencial
La expansión de la nube, la digitalización acelerada y, sobre todo, el auge de la IA, están propulsando una nueva generación de infraestructuras digitales en España. Al cierre de 2025, la potencia IT instalada en centros de datos comerciales ya alcanzaba los 439 MW, un incremento del 24% con respecto al año anterior. Si se mantiene esta trayectoria, España podría multiplicar por seis su capacidad en tan solo cinco años, llegando a los 2.537 MW en 2030.
La clave, según SpainDC, reside en el acompañamiento institucional. Se exige un marco regulatorio ágil, una planificación estratégica a largo plazo y un impulso institucional que facilite la inversión y el desarrollo del sector. El reto es ambicioso, pero la recompensa podría ser un nuevo motor de crecimiento económico y una posición de liderazgo en el panorama tecnológico europeo.
La administración digital, la banca, la sanidad, la industria conectada, el comercio electrónico y los servicios cotidianos dependen cada vez más de estos centros de datos. Su importancia ya no es una cuestión técnica, sino una realidad geopolítica. España no puede permitirse quedarse atrás en esta partida.
El sector está pidiendo a gritos una respuesta del gobierno, pues la demanda supera con creces la oferta actual. La situación recuerda a los pioneros de la minería en el lejano oeste, pero en lugar de oro, se busca potencia de cálculo y conectividad.
