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Exámenes hackeados: las gafas inteligentes desatan el caos en la dgt

Un nuevo drama se desata en las aulas y, sorprendentemente, en los exámenes de carnet de conducir. La inteligencia artificial, lejos de ser una amenaza distante, ha encontrado un uso inesperado: la trampa perfecta para los aspirantes a conductores.

Gafas que roban respuestas: la nueva frontera del fraude

Gafas que roban respuestas: la nueva frontera del fraude

Las autoridades, incluyendo la Jefatura Provincial de Tráfico en La Rioja y la Guardia Civil, han desvelado un sistema alarmante: estudiantes utilizando gafas inteligentes para ‘copiar’ directamente las preguntas de los exámenes. No se trata de un pinganillo escondido, sino de una Tecnología sofisticada que permite transmitir la información en tiempo real a un asistente externo.

La DGT, tras detectar esta práctica, ha endurecido los controles en las sedes de Logroño y Calahorra, identificando ya a 20 personas entre los 24 y los 59 años. Un coste que supera los 1.300 y los 2.500 euros por las gafas, sumado a una multa de 500 euros por utilizar dispositivos no autorizados; una represión que deja en ‘no apto’ a los implicados y les impide presentarse a nuevas pruebas durante seis meses.

Pero el problema va más allá. Las gafas, aparentemente inofensivas, pueden mostrar notificaciones de aplicaciones como WhatsApp, programando avisos para recibir las respuestas clave. Los examinadores, alertados por la Guardia Civil, han incrementado las revisiones, descubriendo a los estudiantes captando la pantalla sin levantar sospechas.

Mitsubishi, por su parte, ya ha presentado una IA capaz de detectar conductores ebrios, anticipando esta escalada tecnológica. La DGT, liderada por Pere Navarro, se enfrenta a un reto inédito: combatir una técnica que se ha convertido en un hito en la detección del fraude tecnológico.

“La incorporación de gafas de alta Tecnología evidencia una creciente profesionalización de las redes que suministran estos equipos”, indican desde la Guardia Civil. Un reflejo de la constante evolución de las herramientas que buscan eludir la ley, obligando a las autoridades a adaptarse a un ritmo vertiginoso. Este caso no solo pone en tela de juicio la integridad de los exámenes, sino que también revela una vulnerabilidad preocupante en la seguridad del sistema de pruebas de conducir.

La cifra es clara: la inversión en estas gafas inteligentes, combinada con la multa, asciende a entre 1.300 y 2.500 euros por persona. Un precio elevado por la búsqueda de una vía rápida al carnet, que evidencia una creciente desconfianza en el proceso de formación y evaluación.