La generación z se escapa del pantalla: el resurgimiento del retro como antídoto digital

La Generación Z, esa marea de nativos digitales, está huyendo. No de la Tecnología, sino de su propia compulsión por estar siempre conectado. El frenesí de notificaciones, el scroll infinito, la constante exigencia de atención… ha llegado a un punto de saturación.

Un retroceso necesario

Un retroceso necesario

Lo que estamos viendo, con el auge de los Walkman, los teléfonos básicos y las consolas de videojuegos de los 90, no es una simple moda. Es una demanda visceral de desconexión. Un rechazo a la dopamina instantánea que nos bombardea las redes sociales, a la constante búsqueda de recompensas cortoplacistas.

El lanzamiento de la Neo Geo, un resurgimiento que, a priori, parece una anécdota, es en realidad un síntoma. La posibilidad de volver a utilizar cartuchos originales, de experimentar con una Tecnología más lenta, más tangible, es un bálsamo para una generación que se siente asfixiada por la velocidad del mundo digital.

Las cifras lo confirman. La venta de móviles básicos ha experimentado un aumento significativo. Los estudios apuntan a una ‘fatiga digital’ generalizada, un cansancio del hiper-conectar que se traduce en un 59% de adolescentes que se sienten ‘sobrecargados’ por el uso constante del móvil y las redes. Es una reacción, una forma de recuperar el control.

Pero ¿por qué precisamente estos aparatos de antaño? La respuesta reside en su simplicidad. Son dispositivos limitados, que exigen un esfuerzo consciente para interactuar con ellos. A diferencia de la omnipresencia del iPhone o de las plataformas sociales, requieren un proceso, una pausa deliberada. No ofrecen la gratificación instantánea que nos ha condicionado la era digital. Esto, paradójicamente, les resulta atractivo.

Y no es solo el hardware. La Generación Z está abandonando Facebook, X, Instagram y TikTok a una velocidad asombrosa. A pesar de que sus presencia sigue siendo visible, la tendencia es clara: cada vez más jóvenes se alejan de las redes sociales tradicionales, buscando espacios donde la interacción sea más genuina, donde la atención no esté fragmentada.

La ciencia, a través del estudio de la dopamina, nos explica la raíz del problema. El scroll infinito, las notificaciones, los estímulos constantes activan nuestro sistema de recompensa cerebral, creando una adicción a la gratificación instantánea. La Tecnología antigua, con su lentitud y su necesidad de esfuerzo, se convierte en una vía de escape. Es una forma de reconectar con nosotros mismos, de recuperar el tiempo y la atención que hemos perdido en el laberinto digital. La clave, quizás, no esté en la innovación, sino en la disrupción de nuestros propios hábitos.