La ley de moore y el arte de intentar lo imposible
La idea de que el éxito es una sucesión de aciertos puede parecer atractiva, pero Gordon Moore, cofundador de Intel, defendía que los errores son inevitables cuando se intenta resolver problemas verdaderamente difíciles.
Si todo sale bien, es porque no se está intentando nada lo suficientemente difícil, decía Moore. Una visión que marcó toda su trayectoria profesional y que hoy en día sigue siendo relevante.
La ley de moore: un avance constante
Gordon Moore fue uno de los fundadores de Intel, una empresa que transformó la forma en que las personas trabajan, se comunican y acceden a la información. Fue autor de la conocida Ley de Moore, la cual predijo que el número de transistores en los circuitos integrados aumentaría de manera constante con el paso de los años, impulsando ordenadores cada vez más potentes.
La Ley de Moore se cumplió y su influencia fue mucho más allá de la gestión empresarial. Moore ayudó a definir el rumbo de una industria que revolucionó la tecnología y la sociedad.

No hay progreso sin errores
Moore entendía que los retos verdaderamente importantes suelen implicar incertidumbre. Cuando una persona se enfrenta a un problema complejo, aprende una habilidad nueva o intenta innovar, es normal encontrarse con obstáculos.
En este sentido, equivocarse ocasionalmente no es una señal de que algo vaya mal, sino que se está trabajando en algo que exige esfuerzo, creatividad y capacidad de adaptación. El verdadero riesgo es conformarse con metas tan cómodas que nunca obliguen a desarrollar nuevas capacidades.
La historia de Intel refleja precisamente esa forma de pensar. El avance de los microprocesadores exigió resolver desafíos técnicos que parecían imposibles en cada etapa de desarrollo, pero sin esa disposición a enfrentarse a problemas, gran parte de la tecnología actual simplemente no existiría.
En ese contexto, el fracaso ocasional deja de ser un enemigo y se convierte en una parte natural del progreso.
