Las sociedades médicas unifican su alerta: cero pantallas para menores de 6 años
En un paso histórico, las principales sociedades médicas españolas han acordado una recomendación unificada para proteger a la infancia de los riesgos del uso digital temprano. Según el documento, los menores de seis años no deberían tener acceso alguno a pantallas debido a los efectos neurológicos, cognitivos y emocionales negativos asociados a la exposición digital precoz.
La primera infancia es crítica
En esta fase, el cerebro experimenta un crecimiento acelerado y la estimulación digital interfere con procesos esenciales. Los expertos han identificado retrasos en la adquisición del lenguaje, dificultades para mantener la atención, problemas de autorregulación emocional y una mayor vulnerabilidad a estímulos adictivos.
La Sociedad Española de Neuropediatría destaca que la exposición temprana altera la consolidación de las conexiones neuronales, afectando a la maduración cognitiva. Por ello, no existe un nivel de uso considerado seguro antes de los seis años.

El chupete digital y su impacto en el apego
Psicólogos observan un patrón alarmante en consultas: niños que regulan sus estados emocionales a través de pantallas en lugar de a través de la relación con el adulto. Esto desplaza el proceso de construcción del apego seguro y puede correlacionarse con conductas adictivas en la adolescencia.
La dependencia emocional a la inteligencia artificial también es un problema creciente. Adolescentes consultan ChatGPT no solo como herramienta de búsqueda, sino como una fuente de validación y toman decisiones personales basadas en sus respuestas.
Este consenso se considera un asunto de salud pública ya que la exposición digital sin control está generando problemas que antes no existían. La combinación de riesgos neurológico en la primera infancia y dependencia emocional en la adolescencia convierte el uso de pantallas en un desafío sanitario, no solo educativo.
Las sociedades médicas han presentado este documento en el Congreso para influir en la futura Ley de Protección a los Menores en los Entornos Digitales, que deberá establecer límites claros, mecanismos de supervisión y obligaciones para plataformas y fabricantes.
