Nasa revierte planes lunares: 20.000 millones para base permanente
La NASA ha dado un giro radical a sus ambiciones lunares, anunciando una inyección de 20.000 millones de dólares para establecer una base permanente en la superficie lunar y desarrollar una nueva nave espacial con destino a Marte. El cambio de estrategia, revelado tras una reunión clave con socios e inversores, redefine el programa Artemis y plantea interrogantes sobre los plazos y la viabilidad de la misión.

De gateway a la superficie: un cambio de enfoque estratégico
El ambicioso proyecto Gateway, concebido como una estación espacial en órbita lunar, ha sido suspendido en su formato original. La agencia espacial estadounidense, presionada por la orden ejecutiva firmada durante la administración Trump que exige el regreso a la Luna para 2028 y la construcción de una base permanente para 2030, ha decidido priorizar la infraestructura necesaria para operar directamente en la superficie lunar. Jared Isaacman, administrador de la NASA, enfatizó que, a pesar de los desafíos inherentes, la reutilización de equipos y el apoyo de socios internacionales serán cruciales para alcanzar estos objetivos.
La nueva estrategia se articula en tres fases. La primera, que ya está en marcha, se centra en el envío de módulos de aterrizaje robóticos para aumentar la frecuencia de alunizajes y experimentar con tecnologías clave, como redes de satélites para mejorar la comunicación. Las siguientes fases se dedicarán al desarrollo de una flota de módulos de aterrizaje, vehículos exploradores, drones y generadores de energía, elementos esenciales para una base lunar autosuficiente.
Space Reactor-1 Freedom: El billete de ida a Marte Pero la apuesta de la NASA no se limita a la Luna. El proyecto incluye el desarrollo de una nueva nave espacial, Space Reactor-1 Freedom, destinada a Marte en 2028. Esta nave, inspirada en el éxito del helicóptero Ingenuity en la misión Perseverance de 2021, desplegará helicópteros en el Planeta Rojo para ampliar las capacidades de exploración.
Pero la complejidad del programa Artemis se incrementa con cada nuevo anuncio. El proyecto ya enfrentaba críticas por su elevado coste, estimado en 93.000 millones de dólares hasta 2025 según un informe del Inspector General de la NASA, y por los constantes retrasos en la entrega del hardware, incluyendo la sustitución de la nave de Boeing por la de SpaceX en el aterrizaje lunar.
Además, la dependencia financiera del programa, que requiere una financiación continua del Congreso en un contexto de predicciones de déficit presupuestario de 3 billones de dólares para 2036, añade una capa de incertidumbre. La NASA pretende alcanzar una frecuencia semestral de misiones tripuladas gracias a la colaboración con al menos dos empresas privadas. La cifra es clara: la inversión en la Luna es un compromiso a largo plazo, a pesar de las tensiones presupuestarias.
“Estados Unidos jamás volverá a renunciar a la Luna”, sentenció Isaacman, un mensaje contundente que, sin embargo, deja en evidencia la enorme tarea que le espera a la NASA para cumplir con los ambiciosos plazos marcados por la política.