Trump desata la guerra contra la otan: groenlandia y el 'fallo' de la alianza
El presidente estadounidense, Donald Trump, ha desatado una nueva oleada de críticas contra la OTAN, acusándola de haberle fallado durante su enfrentamiento con Irán y revelando su frustración por la negativa de los aliados europeos a cederle el archipiélago de Groenlandia.
Un recurso a la ira: el renacer del antiestablecimiento trump
En un mensaje explosivo publicado en Truth Social, Trump calificó a la OTAN de “inútil” y denunció que no ofreció apoyo cuando Estados Unidos buscaba proteger el estrecho de Ormuz. La retórica, en mayúsculas y cargada de exclamaciones, no es ajena a su estilo habitual y evidencia un profundo resentimiento hacia la alianza transatlántica.
La gota que colmó el vaso, según Trump, fue la negativa de los países de la OTAN a permitirle utilizar sus bases para atacar a Irán. Esta vez, el presidente ha recurrido a una vieja herida: Groenlandia. “Sí, es cierto, no todos los europeos cumplieron con esos compromisos, y entiendo perfectamente que esté decepcionado”, afirmó Rutte, en declaraciones a la CNN. La referencia al “gran tercio de hielo mal administrado” es una clara provocación, un recordatorio de la ambición de Trump por controlar el territorio danés y su frustración por la falta de voluntad de sus socios.

La respuesta de rutte: diplomacia y defensa
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, se ha mostrado comprensivo ante el malestar de Trump, aunque ha defendido la postura de los países europeos, quienes priorizan la vía diplomática para abordar la situación con Irán. Rutte subrayó el “apoyo generalizado” del continente en el objetivo de debilitar las capacidades nucleares y de misiles balísticos de Teherán. Sin embargo, admitió que la diplomacia podría ser un proceso lento y prolongado, comparándolo con la situación con Corea del Norte.
La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, confirmó que Trump seguirá expresando su desacuerdo con la OTAN, pero evitó responder a preguntas directas sobre la posibilidad de que Estados Unidos abandone la alianza. El presidente, según Leavitt, considera que la OTAN fue “puesta a prueba y fracasó” durante la guerra contra Irán. Un mensaje contundente que refleja la profunda desconfianza de Trump hacia sus aliados.

Barreras legales y la sombra del senado
A pesar de las declaraciones incendiarias de Trump, abandonar la OTAN no sería una tarea sencilla. Una ley aprobada en 2023, impulsada por el exsenador Marco Rubio, ahora secretario de Estado, impide que el presidente suspenda o rescinda el tratado a menos que el Senado lo apruebe por mayoría de dos tercios o el Congreso apruebe una nueva ley. Con una estrecha mayoría republicana en ambas cámaras, la vía legislativa parece bloqueada. No obstante, Trump aún tiene margen para debilitar la alianza, limitando el gasto militar, reduciendo la presencia estadounidense en Europa o presionando para que los aliados revisen sus compromisos.
En el contexto global, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha alertado sobre los riesgos de un aumento del gasto en defensa, que podría agravar el déficit mundial. Estados Unidos, como socio indispensable de la OTAN, con 80.000 efectivos en Europa y un papel fundamental en la defensa antimisiles, sigue siendo un pilar de la alianza, aunque su relación con sus aliados se encuentra en un punto crítico. La situación, en definitiva, es un recordatorio de que la era Trump está redefiniendo el orden geopolítico y poniendo a prueba las bases de la seguridad colectiva. Y, como señaló Rutte:
