Whatsapp se despide de android: la obsolescencia programada golpea con fuerza
La red social de Meta ha cerrado la puerta a miles de dispositivos Android, condenando a sus usuarios a una actualización forzada o a la desaparición de WhatsApp.

Un adiós programado con consecuencias reales
La Unión Europea ha intentado frenar la obsolescencia programada, pero la realidad es que la Tecnología avanza a un ritmo implacable. WhatsApp, fiel a su estrategia, ha endurecido los requisitos mínimos de sistema operativo, dejando atrás a aquellos que aún se aferran a versiones antiguas de Android – específicamente, las 5.0 y 5.1 Lollipop.
La ironía es palpable: estos dispositivos, con al menos ocho años de antigüedad, son utilizados por millones de personas, muchos de ellos en países en desarrollo donde la renovación tecnológica es un lujo inalcanzable. Google Play Services, el motor que impulsa la aplicación, ya no ofrece soporte para Android 5.0 y 5.1 desde julio de 2024, lo que significa que las actualizaciones de seguridad – y, por ende, la protección contra amenazas – han cesado. No es una casualidad que la red social haya fijado una fecha límite: septiembre de 2026.
Aunque WhatsApp seguirá siendo compatible con los iPhones con iOS 15.1 o posterior, la exclusión de los dispositivos Android 5.0 y 5.1 es una decisión contundente. La compañía, bajo el liderazgo de Mark Zuckerberg, ha dejado claro que no habrá más excepciones. El mensaje es inequívoco: “A finales de este año, WhatsApp no funcionará en este dispositivo”, según fuentes internas.
La situación se agrava porque, a pesar de las advertencias, muchos usuarios aún operan con estos sistemas operativos. La probabilidad de que un usuario promedio posea un terminal con Android 5.0 y 5.1 es sorprendentemente alta, lo que implica una migración forzosa o la pérdida total de acceso a la plataforma de mensajería.
Pero el impacto va más allá de la simple desaparición de una aplicación. La obsolescencia programada, exacerbada por esta medida, es un síntoma de una industria que prioriza la innovación sobre la longevidad de los dispositivos. Nadie se preocupa por el usuario final que se ve obligado a cambiar su teléfono cada dos años para seguir conectado. La lógica, según los expertos, es que las nuevas versiones de Android requieren más recursos y que los dispositivos antiguos no pueden satisfacer esas demandas. Pero la verdad es que se trata de una estrategia para impulsar la venta de nuevos teléfonos.
Y mientras tanto, Google Maps y Waze siguen funcionando gracias a la capacidad de recopilar datos en tiempo real. Una muestra más de cómo la Tecnología, a menudo, prioriza la eficiencia y la rentabilidad sobre la sostenibilidad y el bienestar del usuario. La batalla por la supervivencia de estos dispositivos antiguos es, en definitiva, una lucha desigual.
