Windows 11: una puerta trasera que podría poner en riesgo a millones de usuarios

Microsoft se enfrenta a una crisis de seguridad sin precedentes. Una vulnerabilidad, bautizada como PhantomRPC, ha sido descubierta en Windows 11, permitiendo a los atacantes escalar privilegios y tomar el control completo del sistema operativo.

Un fallo de arquitectura con consecuencias devastadoras

El experto en seguridad Haidar Kabibo, de Kaspersky, ha alertado sobre esta brecha, señalando que se trata de un problema de diseño fundamental en la arquitectura RPC del sistema. «Está a punto de alcanzar los 40 millones de líneas de código», afirma Kabibo, evidenciando la magnitud del código fuente de Windows y la dificultad para detectar y solucionar este tipo de fallos. La vulnerabilidad, inicialmente clasificada como de ‘gravedad moderada’ por Microsoft el pasado mes de septiembre – una decisión que sorprende dada la complejidad del riesgo – permite a los hackers obtener acceso para instalar servidores RPC maliciosos, capaces de suplantar la identidad de servicios de Windows.

Si el atacante consigue una mayor autorización, la escalada de privilegios es prácticamente automática. En cuestión de minutos, el sistema operativo podría quedar completamente bajo el control de un tercero. Es decir, la seguridad de miles de ordenadores se ve comprometida por un defecto que, según el propio Kabibo, Microsoft consideró insuficiente para una solución inmediata.

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La empresa tecnológica, a través de un comunicado, agradece el trabajo de Kaspersky y reconoce la importancia de la divulgación coordinada de vulnerabilidades. Sin embargo, defiende su decisión inicial de clasificar el problema como de ‘gravedad moderada’, argumentando que la necesidad de un equilibrio entre la compatibilidad y la seguridad requiere un enfoque cauteloso. Pero la realidad es que el daño ya está hecho. La arquitectura del sistema operativo, diseñada para gestionar múltiples cuentas de usuario con diferentes permisos, se ve comprometida por esta puerta trasera.

PhantomRPC, como la denomina Kabibo, explota la capacidad del sistema para comunicarse entre procesos, extendiendo la vulnerabilidad a todo el sistema. Un simple acceso a los servicios vulnerables puede ser suficiente para escalar desde una cuenta de usuario de bajo nivel hasta obtener los privilegios de administrador, o incluso SYSTEM, el usuario más potente del sistema.

Windows k2: un parche desesperado o una solución temporal?

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Microsoft ha lanzado actualizaciones para mitigar el riesgo, pero el problema reside en la arquitectura misma del sistema. El reciente anuncio de “Windows K2” se interpreta por muchos como un intento desesperado de contener el daño, pero la verdadera solución pasa por una reestructuración profunda de la gestión de permisos y la arquitectura RPC.

La respuesta de Microsoft, aunque reconoce la gravedad del problema, sugiere una falta de visión estratégica. Mientras la comunidad de seguridad sigue alerta, la pregunta que queda en el aire es: ¿cuánto tiempo tardará Redmond en reconocer que esta vulnerabilidad es mucho más que un simple ‘problema de gravedad moderada’?